21.3.10

Aréstegui Buscaglia, Claudia

Los zancudos de mi cuarto trabajan de lunes a viernes. Los fines de semana me dejan dormir.
Tengo hambre solo en las mañanas y por un par de horas.
Me encantan los caramelos de limón, odio los que tienen alcohol.
Me gusta caminar escuchando música. Me encantaría caminar escuchando música y fumando un cigarro, pero no fumo.
Bailo como si fuera mi última oportunidad, rockeo con Tchaikovsky.
Amo mi soledad, me aterra estar sola.
Canto, canto fuerte, mis hermanas me odian, me quedo callada y canto en mi cabeza.
Me gusta leer, me da pena no tener tiempo no fuerzas para hacerlo ya.
Amo escribir, es de lo mejorcito.
En el fondo soy romántica y melancólica.
Sueño casi todas las noches, me acuerdo de casi todos mis sueños y a veces los confundo con la realidad.
Me gusta viajar, me encanta viajar sola.
Encuentro fascinante ver dentro de las casas, revisar facebooks de gente que no conozco y escuchar conversaciones ajenas.
Le hablo a desconocidos.
Duermo profundamente en la combi, no me importa si me golpeo.
Me gustan los chicos y hay chicas que me gustan, pero no en la misma forma que los chicos.
Soy maniática de la ortografía. Me da vergüenza cuando encuentro algún error en un libro.
Me distraigo con facilidad.
A veces me da sueño mientras estoy dictando clase, se me empiezan a cerrar los ojos, no lo puedo controlar.
No soporto el calor, pero me encanta el sol. Quiero ir a la sierra, ya la extraño.
Cada cierto tiempo descubro algo nuevo de mi. No todo me gusta, pero sí me gusta conocerme.


19.3.10

Mi colegio.

Me levanto cuando todavía es de noche.
Debo estar contenta, porque no decido dormir cinco minutos más.
Me cambio rápido, me pongo un pantalón que odio y voy a ser profesora.
Profesora, con a, muy femenina, muy señorita.
Debo estar contenta, porque no me quejo mucho de la ropa.
Estoy cansada, sí.
Estoy atrasada, también.
Estresada, obvio.
Todas las adas. sadas. Hadas.
Sonrío todos los días y todos los días dudo.
Ya no almuerzo a mi hora.
Me mareo todos los días y todos los días duermo en la combi.
De ida y de vuelta.
Grito, me duele la garganta.
Pierdo la paciencia, cuento hasta diez.
Y soy feliz. Soy inmensamente feliz.
Y no dejo de sonreír, estoy bien aquí.
A pesar de las sadas. A pesar de las profesoras malas.
A pesar de las miradas malas.
Y de los qué-me-importa.
Justo por eso.
Sí, sigo sonriendo. Contando hasta diez. Hasta veinte si es necesario, hasta mil.
Pero nada me saca de acá, porque yo quiero estar acá.
De acá soy. De hora y media de distancia, de levantarme de madrugada.
De acostarme de madrugada y levantarme de madrugada.
De esto soy. De no dejar el aula.
De dar consejo si me lo piden.
De tener que ser inteligente, de tener que ser veloz.
De tener que ser ejemplo.
¡Yo! ¡Ejemplo! ¿Están todos locos?
¿Estoy completamente loca?
¿Cuándo fui ejemplo?
Hoy. Hoy debo ser ejemplo y que me estoy esforzando, caray.
Me paro derecha, hablo con propiedad.
Uso zapatitos, no piso mi pantalón.
Sonrío cuando tengo que sonreír, no sonrío cuando no debo hacerlo.
Pero por dentro, siempre.
A pesar de las lágrimas que a veces amenazan con salir.
¡Pero yo no lloro! No pues, no lloro.
Amenazo no más. Quiero llorar, no más.
Y con los mails, y cómo no sonreír cuando te agradecen y cuando ellos te sonríen porque entendieron.
Y cómo no.
Claro que sonrío, claro que vale la pena.
Y los pirañitas que me agarran de la mano porque necesitan amor.
Y el chiquito que no entiende pero quiere aprender.
Y las faldas cinco dedos debajo de la rodilla.
Y la formación para ir a cualquier lado.
Y que no te puedo sacar del salón para que te tranquilices.
Y los niños que no conozco y me saludan.
Y la niña que me ve mayor y me pide ayuda porque los pirañitas la están molestando.
Y yo que me tengo que quedar con ella hasta que acabe y de ahí me hace preguntas sobre la Semana Santa.
Y yo que tengo que controlar a cuatro piojos que tienen toda la energía del mundo.
Y los de cuarto que quieren que siga siendo su tutora el próximo año.
Y los de quinto que no quieren trabajar.
Y los de tercero, a quienes no puedo controlar.
Todo. Todo sonrío, todo quiero llorar, todo quiero abrazar, todo quiero gritar.

23.2.10

Si yo fuera pajarito

Si yo fuera pajarito me divertiría tanto...
De hecho jugaría a nadar en las acequias. No sé cómo, pero nadaría. Metería mis patitas y a nadar. Que me lleve la corriente.
También me pararía en las ramas de los árboles y esperaría a que pasara alguien para cagarle encima. Es que la gente odia que los pajaritos les caguen encima.
Me metería en las cocinas y picotearía la fruta.
Volaría gran parte del día. Para ver. Qué rico, volar.
Uy, escucharía conversaciones ajenas. Es que me encanta y ahí nadie se daría cuenta.
¿Sabes qué mas haría? Me pararía en los techos de los carros y que me lleven. Saco las garras y me mantengo ahí durante todo el camino. Sería paja.
Si yo fuera pajarito, me acercaría a la gente. Y sería feliz bañándome en la misma agua que después voy a tomar.
Cagando mientras como.
Sería feliz de salir volando cuando me provoca.
Todos los días sería como retar a la muerte: esperaría a que el carro estuviera a cinco centímetros para volar. FULL ADRENALINA.
Pucha, si yo fuera pajarito sería bien paja un pajarito.

12.2.10

Pregunta del mes

¿Cuando los chinos no entienden algo, dirán "es castellano"?

7.2.10

Los marcianos y los aliens

¿Te has dado cuenta de qué simple era todo antes? De hecho que te has dado cuenta.
Un ejemplo: la vida extraterrestre. Antes era simple. Los extraterrestres eran verdes, tenían antenas (tenían, ¿no?) y eran marcianos. Sencillo. No se te ocurría que podían venir de otra galaxia, ¡ni siquiera de otro planeta de nuestro sistema solar! Eran marcianos y verdes. Punto.
Ni E.T. ni Star Wars lo lograron: nos quedamos acá, en la Vía Láctea, con el planeta vecino. No hablábamos de aliens. Hablábamos de MARCIANOS y de naves espaciales.
Después las cosas se hicieron más complicadas. Empezamos a reducir espacios, a hacer todo más pequeño y a ampliar nuestros horizontes. Así que los marcianos nos quedaron chicos y tuvimos que salir del sistema solar y de la galaxia y los marcianos pasaron a la historia. Ahora tenemos a los aliens, que no son verdes ni tienen antenas. Tampoco vienen en son de paz. Tienen unos ojos enormes y unos brazos y piernas largos y delgados. Viajan en ovnis, no hablan nuestro idioma, son mucho más desarrollados que nosotros.
Marciano ya no juega. Marciano de fruta, no más.

22.1.10

En el colegio donde enseño, el Aula de la Creatividad está cerrada con candado.

17.1.10

A veces la sonrisa se me atraca en el bracket y me duele.

Pregunta del mes

¿Qué pensarán las aves migratorias que se van a otros países y encuentran ríos y mares limpios, pero de ahí llegan a Lima y tienen que vivir en el río Rímac?